El papel de la psicología en el abordaje del dolor crónico
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El dolor es, posiblemente, la forma más universal de estrés que existe. Y su comprensión ha experimentado cambios importantes a lo largo de la historia. Aunque habitualmente aparece como consecuencia de una lesión y su consecuente estimulación nociva, también puede darse sin la presencia de esta, aunque esta circunstancia no es fácilmente aceptada.
Desde una aproximación biopsicosocial se enfatiza la existencia de múltiples
factores que interactúan creando la experiencia dolorosa. Y uno de los modelos
más relevantes (Melzack, 1968) plantea que el dolor es una experiencia
multidimensionalcompuesta de tres dimensiones interrelacionadas: sensorial-
discriminativa, encargada de la localización, intensidad y duración del dolor;
una segunda llamada motivacional-afectiva, constituida por los aspectos
subjetivos del dolor; y por último una cognitivo-evaluativa, que integra la
experiencia de dolor a nivel cortical.
Según el estudio Pain in Europe, en el cual se entrevistaron a 46.000 personas
correspondientes a 16 países europeos, uno de cada cinco adultos sufre de dolor
crónico, y en uno de cada tres hogares existe algún miembro de la familia que lo
padece y de estos la mitad sufre de dolor severo. Siendo para la mayoría de
encuestados un dolor de, al menos, dos años de duración y en uno de cada cinco
una duración de más de veinte. Los datos para España señalan al 12% de la
población adulta como afectada.
El dolor crónico está asociado a emociones negativas y esto, lógicamente, incide en las actividades de la vida diaria, familiar, laboral, social, etc. La persona afectada en su búsqueda por encontrar una solución al problema visita todo tipo de especialistas, invirtiendo un gran número de recursos personales, económicos, familiares y de energía personal. Ante la falta de resultados, la posibilidad de vivir estas situaciones con desamparo es alta.
Si bien no se discute que el dolor es un fenómeno biopsicosocial, la manera de
tratarlo en la mayoría de las ocasiones, no se corresponde con esta concepción.
Los tratamientos de elección se basan casi exclusivamente en principios
biomédicos, que cuando no ofrecen resultados se descartan para dar
interpretaciones de tipo psicológico y explicar la dolencia, lo cual es
experimentado por la persona con gran malestar, pues se insinúa de su mala
salud mental como causa del dolor.
Un síndrome concreto de dolor crónico, en el que el desarrollo de la psicología
resulta evidente es la fibromialgia. Esta en los últimos años ha tenido una
masiva aparición y demanda de salud en la población, y requiere de abordajes
eficaces y multidisciplinares.
La fibromialgia es una afección crónica de etiología desconocida, a día de hoy
incurable. Se caracteriza principalmente por un dolor crónico generalizado, que
puede llegar a ser altamente incapacitante para quien lo experimenta. Se estima
que en España hay cerca de un millón de personas afectadas, por tanto
representa uno de los problemas de salud pública más importantes de los
últimos años.
Su presencia en la vida de cualquiera supone un auténtico reto. Como un tsunami inesperado y de fuerza arrolladora que impacta directamente en la persona, en su salud física y mental, en su vida laboral, familiar y de pareja. Y que puede durante años apartarla de su proyecto vital, arrastrándola a la sobremedicación, la depresión, la incomprensión y en ocasiones la soledad más cruel.
Minusvalorada y hasta negada durante años por la clase médica, sus criterios diagnósticos así como los tratamientos empleados en la evolución y mejora de los síntomas, han ido avanzando a paso lento hasta la actualidad. La investigación muestra cómo los tratamientos multidisciplinares son el camino a seguir, y dentro de estos los factores psicológicos tienen tanto peso o más que los puramente farmacológicos o físicos, en la mejora de las personas afectadas.
Pues además de la percepción física dolorosa, otras características como las
creencias y los estilos cognitivos, las estrategias de afrontamiento y la
estabilidad emocional, así como la tensión emocional y la respuesta del entorno
familiar y social van a tener una influencia relevante en la persona que la vive.
Los tratamientos psicológicos más utilizados hasta el momento son
los cognitivo-conductuales, por su evidencia empírica, que muestra como los
pacientes experimentan una mejora en su calidad de vida y en la sensibilidad al
dolor, la fatiga física y la depresión. También como complemento del resto de
intervenciones, pues generan una mayor adhesión a los tratamientos, lo cual
puede ayudar a una mejor comprensión y atención de estas personas.
Asimismo la inmediatez de resultados en estas intervenciones breves permite
acortar las sesiones a un intervalo de entre 10 y 20, con el consiguiente ahorro
en coste de salud pública. Siendo las actuaciones grupales más efectivas que las
individuales.
Además de la asistencia, que la psicología para la salud, la psicología clínica y/o
psicoterapia, en el manejo y eliminación de los síntomas y trastornos
emocionalessi los hay, pueda ofrecer. El afrontamiento psicológico consistirá en
entrenar a las personas, en habilidades para su autocuidado y su automanejo.
Básicamente entre sus objetivos están:
- Promover e instaurar una actitud positiva, de aceptación y autocuidado, ante la fibromialgia.
- Aumentar el conocimiento sobre los factores que inciden en la salud, factores mentales, físicos y sociales.
- Ampliar el conocimiento científico sobre el dolor crónico y sus características en quien lo vive.
- Incrementar las conductas eficaces de afrontamiento ante el dolor.
- Acentuar la importancia de las actividades de ocio y ejercicio físico.
- Mejorar las habilidades de relación y comunicación en el entorno social y familiar.
- Disminución y manejo de las emociones más desagradables, ira, ansiedad, tristeza, culpa, etc.
- Redefinir el autoconcepto personal asociado a la enfermedad crónica y la incapacidad.
- Reducción directa/indirecta del dolor.
- Desarrollar recursos para la prevención de recaídas y la gestión de crisis
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