ALEGORÍA DE LA CAVERNA
Somos Una Totalidad
El hombre es un proyecto, algo que está siempre tratando de llegar a ser. Sabemos algo, pero nos quedan muchas cosas por saber, por ejemplo, que ese proyecto no es un puro espíritu, no es una idea, no es tampoco una masa de carnes y nervios. Es huesos, carne, músculos, inteligencia, imaginación, voluntad, pasión, espíritu... Ahora bien, ¿cómo se integran esos elementos? Este es uno de los temas centrales de la Antropología. Y antes de ver cómo lo resolvemos nosotros en el siglo XX convendrá que veamos cómo se planteó en el pensamiento de un filósofo que ha influido en todo Occidente. Me refiero a Platón, cuya mentalidad sigue vigente aun cuando teóricamente haya sido superado. Después de Platón veremos otra línea de pensamiento totalmente distinta que también tiene tremenda influencia en nosotros: la del pensamiento Hebreo en su vertiente bíblica, y con ello completaremos el panorama de las tres líneas que confluyen en el comportamiento del hombre contemporáneo y que son la herencia mítica, la herencia platónica y la herencia hebrea.
El Dualismo Platónico
Platón fue un hombre sumamente inteligente, realmente un cerebro brillante, además capaz de escribir de una manera maravillosamente poética. Pero no hay duda que su filosofía ha originado no pocos problemas, entre ellos el de retrasar en siglos el progreso de las ciencias naturales, según la crítica que le hace Carl Sagan. Para saber si estamos o no de acuerdo con él, previamente tenemos que conocerlo y para ello nada mejor que comenzar con la Alegoría de la Caverna, que él expone en "La República", uno de sus diálogos más importantes y bellos. ¿Qué es una alegoría?: un cuento, una imagen, una narración, que sirven para explicar una teoría o una idea. (Jesús usaba las parábolas para que sus discípulos lo entendieran. La diferencia entre parábola y alegoría es tan abismal como la que separa al pensamiento griego del hebreo, pero ambas tienen en común el hecho de ser una narración para explicar una idea).
La Escena: una caverna subterránea
Los esclavos están encadenados de tal manera que sólo pueden mirar hacia el frente, es decir, hacia la pared del fondo que tiene eco. Están así desde su nacimiento, quiere decir que lo único que han visto en su vida son las sombras que proyectan, a causa de la luz del fuego, los objetos que los hombres del camino llevan sobre sus cabezas. Recuerden que el muro que los separa de los esclavos tiene la altura de un hombre, es por eso que las sombras reflejan sólo los objetos transportados y no a los sujetos que los portan. Estos, a su vez, van conversando y como la pared del fondo tiene eco, el sonido parece provenir de las sombras reflejadas.
La Narración
En un momento determinado, uno de los esclavos logra romper las cadenas que lo prisionan. Empieza el camino de la liberación. Mira a su alrededor con curiosidad. Advierte a sus compañeros atados. Salta el muro. Necesita acostumbrarse a la semi-penumbra que Encuentra en el otro recinto pues viene de la oscuridad total. Una vez que sus ojos se adaptan se da cuenta que las sombras de la pared son sólo eso, sombras. Lo real son los objetos transportados por los hombres. Atraído por un brillo que proviene de la entrada de la caverna comienza a subir.
El camino es largo y difícil. Se cae varias veces, está a punto muchas veces de claudicar y aún de morir, pero sigue adelante. Sale finalmente al exterior. Cegado por la luz del Sol, mucho más fuerte que la del fuego, no ve nada hasta que sus ojos se vuelven a acostumbrar y entonces queda extasiado ante la maravilla de lo que ve. Advierte entonces admirado que todo cuanto aquí lo rodea es más real aún que los objetos que había visto en la caverna. Esta es la verdadera realidad, iluminada por el Sol.
Pongámonos ahora en la situación de este hombre. Durante toda su vida estuvo sumergido en la oscuridad. Después de un largo, penoso y casi mortal trayecto, ha llegado a un lugar maravilloso. Ahora él sabe que ésta es la verdadera realidad, que la caverna es un engaño, algo así como un sueño del que hay que despertar. Lo que allá se veía era una mera y deslucida copia de la fascinante realidad que él tiene ante sus ojos. Pues bien, si a nosotros nos ocurriera algo semejante ¿qué querríamos hacer de inmediato? El hombre está eufórico, pero está solo. Necesita compartir lo que ha descubierto. La verdad exige ser compartida. ¿Qué hace entonces? Lo único posible: vuelve a penetrar en la caverna, pero ocurre que acostumbrado a la luz se ha vuelto torpe en la oscuridad. Cuenta a los otros lo que ha visto.
Lo miran con incredulidad primero, con burla después y finalmente con enojo. Todo lo nuevo conmociona, asusta. El temor los vuelve crueles y atacan al que ha venido a turbar la Tranquila oscuridad en que vivían. El antiguo esclavo comprende que es peligroso insistir y que debe optar entre callar y quedarse para siempre en el mundo de las sombras o arriesgarse a seguir predicando y correr el riesgo que lo maten. Le queda una tercera alternativa no demasiado agradable y es la de salir solo al mundo de la luz. Si lo pensamos bien, ésta es una alternativa que se le presentó no sólo a Platón sino que también tenemos que enfrentar nosotros cada vez que nos topamos con una verdad un tanto peligrosa. Y las verdades suelen ser a menudo peligrosas.
En la alegoría de Platón como en algunas películas de Bergman cada detalle significa algo importante. Platón no sólo era un hombre muy inteligente sino además un verdadero artista.
Sus Diálogos son verdaderas joyas de la literatura. Veamos pues cuáles son los símbolos aquí:
- la caverna: es el mundo sensible, el que nos rodea.
- los esclavos: somos nosotros, el género humano.
- el fuego: es un anticipo del Sol, que es el símbolo más importante
- el exterior: es el Mundo de las Ideas, el que existe realmente.
- el esclavo que se libera: es el filósofo.
- el camino arduo, difícil y peligroso: es la Filosofía, (o si prefieren, es la Vida).
Bien, esos son los símbolos. Ahora, ¿qué quiso decir Platón con ese extraño cuento de una Caverna totalmente imaginaria que no existe en ninguna parte? Lo que quiso explicar con ella es su Teoría de la Duplicación de los Mundos, según la cual existen dos grandes regiones o mundos o dimensiones, como les resulte más fácil, que son: el Mundo Sensible y el Mundo de las Ideas (o Inteligible). La cosa sería más o menos así:
Arriba está el Mundo Inteligible
Idea de árbol, Idea de animal, Idea de piedra, Idea de todo cuanto se les ocurra, vivo o inerte, Real o ideal. (Idea = Esencia = Forma)
Este mundo es: Eterno, Perfecto, Valioso, Real.
Abajo está el Mundo Sensible
árbol, animal, piedra, todo cuanto vemos, oímos, tocamos, sentimos, etc., todos los objetos naturales y los fabricados por el hombre.
Este mundo es: Mortal, Imperfecto, Despreciable, Aparente.
El Mundo de abajo, el sensible, es sólo una copia, una sombra, un reflejo del auténtico Mundo, del que verdaderamente existe que es el Mundo de las Ideas. En éste no existe el Tiempo y por lo tanto no existe el Cambio. Las Ideas son Eternas porque son perfectas, no necesitan cambiar. El Tiempo y el Cambio se dan sólo en el imperfecto y despreciable mundo sensible. Cuando hablamos de Ideas aquí nos estamos refiriendo a Ideas o Esencias que existen por si mismas, son arquetipos o paradigmas de todo cuanto existe aquí abajo. (Es decir no hablamos de nuestras ideas, de las que tenemos en nuestra mente, sino de algo que tiene existencia independiente de nosotros). El Mundo que nos rodea, éste que estamos viendo y tocando y oliendo y sintiendo, no existe en realidad, es sólo una apariencia, una sombra que carece de consistencia propia, como las sombras que veían los esclavos en la caverna, y a las que en su ignorancia tomaban como la auténtica realidad. Esta concepción platónica, griega por lo tanto, se va a infiltrar más tarde en el pensamiento cristiano y lo va a desfigurar. De esa influencia platónica proviene aquello de considerar a este mundo como un valle de lágrimas al que venimos para sufrir y ganar luego la vida eterna.
La concepción dualista de Platón implica un desprecio hacia el mundo sensible que se reflejará también en su concepción del hombre: el hombre está formado por un elemento positivo, bueno, valioso, que es el alma, y por otro elemento inferior, malo causa del pecado, que es el cuerpo. El alma no es una Idea, pero vive en contacto directo con ellas hasta que por un accidente cae y se encarna en un cuerpo, queda presa de ese cuerpo que se convierte en su prisión. "El cuerpo es la cárcel del alma" decía Platón. En esta nueva situación de prisionera el alma olvida a las Ideas con las que antes había estado cara a cara. Todo el proceso de aprendizaje consistirá en recordar lo olvidado; no se aprende nada nuevo, sólo se recuerda lo ya sabido y olvidado. El temor al cambio y a la novedad propio de la conciencia mítica ha pasado a la conciencia griega. Con todo esto se entiende entonces que para Platón la misión de la Filosofía consiste en purificar al hombre de la contaminación del mundo sensible para conducirlo a la verdad del mundo inteligible. Es un camino largo y difícil que exige una determinada forma de vida: la vida ascética que consiste en la mortificación y desprecio del cuerpo y de todo lo sensible para lograr la purificación del alma. Esta concepción, que es típicamente griega, va a contaminar el pensamiento cristiano cuyas raíces son sin embargo totalmente distintas, mucho más ricas y vitales.
Así, el Mundo Inteligible se identificará con el Cielo (está arriba, es intemporal y perfecto), y el Mundo Sensible con la Tierra (está abajo, es temporal, imperfecta, valle de lágrimas que no tenemos más remedio que atravesar y padecer para lograr el premio allá, en el otro mundo de la vida eterna). La vida ascética del filósofo platónico será imitada por el eremita cristiano.
Platón Sigue Dominando
Si bien Platón elaboró su pensamiento hace muchísimo tiempo, allá por el siglo IV a.C., sin embargo su influencia se nota todavía en un pensador como Descartes en pleno siglo XVII de la era cristiana. Descartes considera al hombre constituido por dos substancias totalmente distintas y separables:
la substancia extensa (cuerpo) y la substancia pensante (alma).
"Je suis une chose qui pense" (Soy una cosa que piensa). Lo importante de esta cosa que soy yo, es que pienso. La diferencia entre ambas substancias es tan abismal para el filósofo francés que se ve en apuros para explicar cómo se unen en ese existente concreto que es el hombre. Incluso en un pensador contemporáneo que intenta superara el dualismo platónico para hacer una filosofía concreta (una de sus obras más importantes se llama precisamente así en castellano), como es don Gabriel Marcel en pleno siglo XX, todavía sigue vigente el pensamiento de Platón.
NuAr

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